Si la chicha peruana tuviera un mapa discográfico, sus dos polos más visibles serían Infopesa y Discos Horóscopo. No compitieron por el mismo público exacto ni por el mismo sonido, pero juntos documentaron un país en movimiento: la selva eléctrica que exportaba cumbia psicodélica y la Lima migrante que convertía teclados y cumbia andina en fenómeno de masas.
Dos fundaciones, dos apuestas
Infopesa nació en 1971 de la mano de Alberto Maraví con una visión nacional: grabar la música popular que las grandes compañías ignoraban y distribuirla más allá de la capital. Su catálogo amazónico —Los Mirlos, Juaneco y Su Combo, Ranil y Su Conjunto— definió la estética global de la cumbia psicodélica peruana. Operó como sello activo hasta cerrar su etapa principal hacia 1989, dejando un archivo que décadas después reviviría su hijo Juan Ricardo Maraví.
Horóscopo apareció en 1977 con Juan Campos Muñoz, mecánico convertido en productor, y una apuesta más limeña: capturar la ola migrante que transformaba barrios enteros. Su roster incluyó a Los Shapis, Chacalón y la Nueva Crema y también a veteranos como Los Destellos. Tras brillar en los 80, el sello se desvaneció durante unos treinta años hasta que Jalo Núñez del Prado encontró a Campos en Barranca y relanzó el catálogo desde Madrid en 2015.
Geografías: selva versus ciudad
Infopesa miró hacia el oriente peruano. Sus portadas saturadas, guitarras fuzz y letras sobre río y selva construyeron un imaginario que el extranjero asociaría con la palabra chicha. Aunque el estudio estaba en Lima, el relato discográfico era amazónico: Pucallpa, Moyobamba, Iquitos, Tarapoto.
Horóscopo grabó la capital que esas provincias habían creado. Teclados Casio, letras sobre la vida urbana difícil, carpas multitudinarias y una estética chola marcaron su identidad. La chicha horoscopiana es música de asfalto y ladrillo, no de canopy y niebla.
Estéticas distintas, públicos entrelazados
Las audiencias no estaban del todo separadas. Un migrante de Ucayali en San Juan de Lurigancho podía bailar temas de Juaneco en la fiesta del barrio y al día siguiente comprar un disco de Los Shapis. Los sonidos convivían en la misma economía informal de casetes, ferias y equipos de sonido alquilados.
Las diferencias están en los instrumentos protagonistas y en el tipo de fantasía que ofrece cada catálogo. Infopesa vende selva eléctrica; Horóscopo vende pertenencia urbana. Los Destellos, grabados en ambos sellos, demuestran que el cruce no era teoría sino práctica cotidiana.
Dos declives, dos revivals
Ambos sellos decayeron cuando cambió el mercado en los años 90: nuevos géneros, crisis económica, violencia política y transformación de la industria fonográfica física. Infopesa cerró su ciclo clásico; Horóscopo dejó de publicar con la misma fuerza. El olvido no fue total —los vinilos circulaban en mercados— pero sí comercial.
El redescubrimiento llegó por caminos distintos. Infopesa se benefició de compilaciones internacionales como The Roots of Chicha en Barbès Records y de reediciones de sellos especializados; el archivo familiar de los Maraví añadió legitimidad y continuidad. Horóscopo renació con una operación más cercana al relanzamiento editorial directo desde Europa y con la figura recuperada de Juan Campos como narrador vivo de su época.
Dos Perús en un solo género
Hablar de chicha sin distinguir estos dos mundos produce confusiones. El oyente casual que descubre la cumbia amazónica por Los Mirlos puede ignorar por completo a Chacalón; el fanático de la chicha limeña de los 80 puede no conocer a Ranil. El directorio completo del género exige ambos polos.
En términos de clase y migración, Horóscopo es más explícito; en términos de imaginario global, Infopesa ganó la primera batalla de exportación. Ninguno es secundario: son caras de un mismo proceso histórico de modernización popular violenta, creativa y desbordada.
El legado
Infopesa y Horóscopo no agotan la historia discográfica peruana —Virrey, DINSA, Sono Radio y docenas de sellos regionales amplían el cuadro— pero sí ofrecen su eje más claro. Entre selva y ciudad, entre fuzz y Casio, entre Alberto Maraví y Juan Campos Muñoz, se dibuja el Perú que bailó cuando las instituciones no lo representaban. Escuchar ambos catálogos es escuchar dos países que convivieron en una sola capital.