Cumbia Psicodélica

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Juaneco y Su Combo: El Brujo, el wah-wah y la Ayahuasca

En Pucallpa, donde el Ucayali arrastra la selva hacia el resto del país, Juaneco y Su Combo construyeron un universo sonoro que no tenía equivalente en Lima ni en Bogotá. Entre maestros de escuela, guitarras criollas con pedal wah-wah y letras nacidas en ceremonias de ayahuasca, el conjunto liderado por Juan Wong Paredes convirtió la Amazonía en un laboratorio eléctrico que aún alimenta la cumbia psicodélica global.

Pucallpa y el maestro Fachín

El corazón creativo del combo no era solo Juan Wong, sino Noé Fachín Murrieta: profesor de primaria, guitarrista criollo y hombre de formación disciplinada que encontró en la música popular una salida distinta al aula. Fachín aportó arreglos precisos, solos melódicos y una sensibilidad que equilibraba la crudeza de la fiesta patronal con la elegancia de la guitarra limeña. Su manera de tocar —clara, filosa, siempre al servicio del ritmo— definía el carácter del grupo mucho antes de que los discos circularan fuera de Ucayali.

En los años 60 y principios de los 70, Pucallpa vivía el auge petrolero. Obreros, comerciantes y familias shipibo convivían en una ciudad que crecía deprisa y absorbía influencias por todas partes: cumbia colombiana por radio, carimbó brasileño por los ríos, rock anglosajón en los equipos de sonido de las verbenas. Juaneco y Su Combo tomaron ese cruce de señales y lo devolvieron como propuesta propia, con saxofones, percusión amazónica y una estética escénica que incorporaba vestimentas inspiradas en la cultura shipibo.

El wah-wah y la selva eléctrica

El pedal wah-wah fue una de las firmas más reconocibles del combo. En manos de Fachín, el efecto no imitaba al rock de Estados Unidos: modulaba melodías que evocaban pájaros, viento entre los árboles y el movimiento del río. Esa guitarra líquida, casi animal, se volvió parte del lenguaje de la cumbia amazónica junto al fuzz de Los Mirlos y los arreglos de Los Destellos, aunque el sonido juaneco siempre mantuvo una raíz ceremonial más explícita.

En 1970, el sello Infopesa publicó El Gran Cacique, disco que incluía «Mujer Hilandera», uno de los primeros grandes éxitos del conjunto. La canción mostraba la fórmula que repetirían en años siguientes: cumbia bailable, arreglos ajustados y una imagen de selva que no era decorativa sino identitaria. Infopesa entendió que Pucallpa producía un catálogo diferente al de Moyobamba o Iquitos, y abrió circuito de distribución que llevó esos 45 rpm a Lima y al interior del país.

Ayahuasca, «El Brujo» y el repertorio ritual

Varias piezas del repertorio surgieron en contextos ligados a la ayahuasca y a la cosmovisión shipibo-conibo. «Vacilando con Ayahuasca», grabada en 1976, condensó esa experiencia en un tema bailable que no ridiculizaba la ceremonia ni la convertía en folclore de postal: la letra y la instrumentación transmitían el vaivén hipnótico de la noche ritual, con teclados y guitarras que parecían seguir el pulso de otra temporalidad.

«El Brujo» funcionó como contracara más oscura y narrativa. Donde otros conjuntos amazónicos cantaban al río o a la fiesta, Juaneco y Su Combo hablaban de poder, curación y peligro con una directitud poco común en la cumbia comercial. Esas canciones explican por qué el grupo sigue siendo referencia para quien busca en la chicha algo más que nostalgia: un registro sonoro de cómo la selva entró en el siglo XX con amplificadores y pedales.

El accidente de 1977 y la banda que sobrevivió

El 2 de mayo de 1977, tras un concierto en San Ramón, un avión de la Fuerza Aérea Peruana que transportaba a miembros del combo se estrelló en la selva. Murieron Noé Fachín y cuatro personas más del entorno musical. La pérdida de Fachín fue especialmente devastadora: además de guitarrista principal, era el arquitecto de buena parte del sonido que el mundo asocia hoy con el nombre Juaneco.

El conjunto no desapareció. Sobrevivieron músicos clave y la figura de Juan Wong, que mantuvo el proyecto activo en distintas etapas. Los discos posteriores ya no tuvieron la misma carga innovadora, pero el catálogo grabado entre finales de los 60 y mediados de los 70 permaneció como archivo fundacional. Coleccionistas, reediciones internacionales y compilaciones como las impulsadas desde Barbès Records devolvieron esos temas a circulación global décadas después.

El legado

Juaneco y Su Combo ocupan un lugar singular en la historia de la cumbia amazónica: son el puente más visible entre tradición shipibo y modernidad eléctrica, entre la provincia petrolera y el mercado discográfico limeño. Sin Fachín, el wah-wah criollo y las composiciones nacidas en torno a la ayahuasca, el mapa de la chicha perdería una de sus coordenadas más potentes. Su música sigue sonando en fiestas, en reediciones de vinilo y en bandas contemporáneas que reconocen en Pucallpa un origen tan decisivo como Moyobamba o Tarapoto.