A principios del siglo XXI, vinilos peruanos de los años 70 dormían en cajas de Queens y en mercados de pulgas de Lima sin saber que estaban a punto de redefinir un género global. La compilación The Roots of Chicha, publicada en 2007 por Barbès Records desde Brooklyn, condensó ese archivo olvidado en un disco que reorientó la conversación internacional sobre la cumbia psicodélica.
Olivier Conan y el oído de Barbès
Olivier Conan, músico nacido en Francia y radicado en Nueva York, conocía la cumbia colombiana y el tropicalismo caribeño, pero el repertorio peruano le llegó por rutas menos ortodoxas: viajes, intercambios con músicos latinoamericanos y noches en el bar Barbès, en el barrio homónimo de Brooklyn, donde confluyen comunidades andinas y amazónicas. Allí escuchó grabaciones que sonaban a otra cosa —más crudas, más eléctricas, más selváticas— que la cumbia estándar.
Conan no era etnomusicólogo de archivo ni coleccionista cerrado en lo exótico. Era instrumentista con proyecto activo: quería entender de dónde venía ese sonido para incorporarlo a su propio trabajo. Esa curiosidad práctica definió el tono de Barbès Records, sello que mezcló reediciones, compilaciones y bandas contemporáneas sin tratar la música peruana como fósil.
Volumen 1: el disco que abrió la puerta
The Roots of Chicha: Psychedelic Cumbias from Peru, Vol. 1 reunió temas de Los Mirlos, Juaneco y Su Combo, Los Destellos y otros conjuntos ligados al catálogo de Infopesa. La selección priorizó guitarras fuzz, teclados estridentes y ritmos de cumbia con una urgencia que sorprendió a oyentes europeos y estadounidenses acostumbrados a versiones más pulidas del género.
El impacto no fue instantáneo en el mercado masivo, pero sí profundo en circuitos alternativos: DJ, periodistas especializados, músicos de rock y productores de música del mundo comenzaron a citar el disco como mapa de exploración. En Lima, donde parte del catálogo original había caído en el olvido comercial, la compilación funcionó como espejo inesperado: muchos oyentes peruanos descubrieron o redescubrieron su propia historia a través de un sello neoyorquino.
Volumen 2 y la ampliación del canon
Tres años después apareció el segundo volumen, en 2010, profundizando el arco temporal y geográfico. Si el primero presentaba un canon mínimo, el segundo mostró la diversidad interna de la chicha: piezas menos conocidas, variantes regionales y matices que evitaban la idea de un solo «sonido selva». La secuela consolidó a Barbès como referencia editorial del revival.
Conan ha señalado en entrevistas que una de las consecuencias más inesperadas del proyecto fue el efecto en el propio Perú: jóvenes limeños y músicos amazónicos recuperaron orgullo por un repertorio que durante años había sido tratado como música de baja categoría social. El redescubrimiento no fue solo exportación; fue también devolución simbólica al país de origen.
Chicha Libre, Queens y la diáspora
Paralelo a las compilaciones, surgió Chicha Libre, banda integrada en buena parte por músicos de la escena de Brooklyn que reinterpretaban el repertorio clásico con Farfisa y guitarras fuzz. No eran cover band de bar: el grupo propuso una lectura contemporánea que mantenía el espíritu psicodélico sin teatralizar la selva.
En Queens, las fiestas de la diáspora peruana ya habían conservado ritmos y vinilos cuando la crítica internacional todavía no llegaba. Barbès conectó ese archivo comunitario con infraestructura de distribución global. La geografía importa: el revival no nació en un museo sino en bares, salas pequeñas y sistemas de sonido prestados entre vecinos que guardaban los mismos discos que después rotarían en Europa.
Después de Brooklyn: un género en movimiento
El éxito de The Roots of Chicha abrió camino a otros sellos —Vampisoul, Analog Africa, Tiger's Milk Records— que ampliaron reediciones y antologías. Los Mirlos volvieron a girar internacionalmente; coleccionistas rastrearon pressings originales; productores de cumbia electrónica incorporaron samples y referencias.
El fenómeno también generó debates legítimos sobre quién cuenta la historia, quién obtiene beneficios y cómo se compensa a músicos originarios. Esas tensiones no restan valor al archivo recuperado, pero sí recuerdan que todo revival implica responsabilidad editorial y económica.
El legado
The Roots of Chicha no inventó la cumbia amazónica: la sacó del cajón y le puso nombre internacional. Desde Brooklyn, Olivier Conan y Barbès Records tejieron un puente entre Pucallpa, Moyobamba y audiencias que nunca habían pisado la selva. Hoy, cuando un festival en Berlín o un club en Ciudad de México programa chicha peruana, la huella de esas compilaciones sigue presente en el repertorio y en la forma de escucharla.